5.6.07

De nuevo la belleza.

Todos saben que me gustan las rosas. Un gusto que comparto con millones de personas que aman la perfección de las flores. Los tulipanes, el hibisco, los crespones, en fin, estamos rodeados de tanta belleza que basta una mirada y quedados aturdidos, como si viajáramos a otra dimensión y la realidad fuera apenas un inconveniente temporal.
Un rostro reflejado en los vidrios del Metro, una canción, una risa de niño, una rosa como ésta, la maravilla no se esconde, siempre está ahí.
Pido a Dios que siempre haya belleza para tu mirada.
Y este poema, un regalo en este tiempo no tan feliz para una ciudad que sufre un crudo invierno.


Una rosa se abre sin testigos en el silencio de la noche.

En la cama de un hospital alguien ensaya trabajosamente
un gesto parecido al de morirse
o tal vez muere y nadie se da cuenta.

Unos brazos y un pecho tibio acogen
a la vida que nace de la sangre, entre sangre, llorando.

Alguien palpa la niebla, como buscando, fuera, el sol
que él cree que brilla.

Las estrellas contemplan
el baile de dos cuerpos enlazados, que se abrazan
en la música. Y caen. Y se alejan
uno del otro
por una calle entre veloces autos.

Y, mientras, una rosa, en el silencio
de la noche se abre para nadie.


(enrique baltanás )

(la foto de vassil donev para EFE)

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