18.6.08

La sal.


"Acordaos de la mujer de Lot." (Jesús)


Siempre me ha parecido extraña esa sugerencia.

Acordarse de una mujer, y claro, no tengo nada contra las mujeres, se entiende.

Una podría estar de acuerdo en recordar grandes profetas, Isaías, por ejemplo, un escritorazo, a diferencia de la mujer de Lot que no escribió ni un verso decente, mejor dicho, ni un verso, ni una letra, nada.
Una podría acordarse con asombro de Elías y su carro de fuego o de Jacob soñando con una escalera por donde bajan y suben ángeles, Eliseo sanando las aguas, Ruth y su gran capacidad de amar, en fin, historias bizarras, poderosas, listas para el mejor guión de cine.

¿Qué gracia tiene la mujer de Lot cambiando su carne por sal?

¿Hay algún mérito en ello?

O un desmérito, tal vez.
Nostalgia pura.
El pasado que no puede volver, sutil, bello o amargo, definitivo, irrevocable.

Quizás recordando eso el apóstol Pablo escribe en una de sus cartas: "olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta"

A veces la sal se humedece y se solidifica como piedra, es en ese momento que recuerdo aquella mujer, eternamente mirando la ciudad quemada.
Tal vez es eso.
La mirada.

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