26.11.08

Salmo para el regreso.

Señor, oh Dios, tú me examinas,
tú me conoces.
Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto;
aun a la distancia me lees el pensamiento.
Mi trabajo y descanso los conoces;
todos mis caminos te son familiares.
No llega aún la palabra a la lengua
cuando tú, Señor, ya la sabes toda.
Tu protección me rodea por completo;
me cubres con la palma de tu mano.
Conocimiento tan maravilloso excede mi comprensión;
tan extraordinario es que no puedo entenderlo.
¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu?
¿A dónde podría huir de tu presencia?
Si subiera al cielo,
allí estás tú;
si tendiera mi lecho en el fondo del océano,
también estás allí.
Si me elevara sobre las alas del alba,
o me estableciera en los extremos de los mares,
aun allí tu mano me guiaría,
¡me sostendría tu ayuda!
Y si dijera: "Que me oculten las tinieblas;
que la luz se haga noche en torno mío",
ni las tinieblas serían oscuras para ti,
y aun la noche es clara como el día.
¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!
Tú creaste mis entrañas;
me formaste en el vientre de mi madre.
¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas,
y esto lo sé muy bien!
Mis huesos no te fueron desconocidos
cuando en lo más recóndito era yo formado,
cuando en lo más profundo de la tierra
era yo entretejido.
Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
todo estaba ya escrito en tu libro;
todos mis días se estaban diseñando,
aunque no existía uno solo de ellos.

¡Cuán preciosos, oh Dios, me son tus pensamientos!
¡Cuán inmensa es la suma de ellos!

***

(salmo de el rey David
la foto de: juan carlos cardenas para EFE)

2 comentarios:

Gusmar Sosa dijo...

Cierto, invita al regreso constante.Saludos.

AleMamá dijo...

Uno de mis favoritos, y eso que me es sumamente difícil elegir entre tantas maravillas.
Besos