8.5.08

Mujer de pie en una esquina del universo.

La mujer está de pie en la esquina.

Está allí hace algunas horas y mientras la oigo recitar sucesivas palabras de los Salmos me pregunto si no necesitará un vaso de agua.

La calle es polvorienta, el sol de mediodía, inmisericorde.

La gente pasa, la observa con indiferencia, como si fuese parte del paisaje, como si lo que recita es materia sabida. Quizá no es esta la primera vez.

Su voz resuena al aire, primero con fuerza, luego, mientras transcurre los minutos va decayendo en sonoridad pero no en convicción.

De pronto deja de recitar y la calle toda se detiene. Un raro vacío, el peso de sus palabras cae como un rayo sobre las conciencias. Los hombres se acercan, abismados, las mujeres sacan su pañuelo y timidamente enjugan una lágrima.

La mujer se va calle abajo y se lleva esa esperanza.

Dos o tres caminan tras ella.



(Por cierto, la fotografía es del volcán Chaitén, nuestra presente tragedia.
Hemos unido nuestras oraciones y esfuerzos, algo bueno entre tanta pena)

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