3.1.08

Y digo adios.


Te vi recorrer la casa, las habitaciones una por una, el hogar de tu infancia, la tenue luz de un pasado alterado definitivamente.
Supiste, en ese preciso instante, que todo estaba perdido. Los recuerdos, los perfumes, las imágenes de los amigos, tu niñez.
Un vértigo te removió las entrañas, ya eres adulto, un hombre y esa realidad es irreversible.
Nunca más la mano amorosa de la madre, nunca más el arrullo de las palomas, nunca más el café de lo dinteles, ahora las murallas amarillas parecen una bofetada de presente.
Todos perdimos y a la vez ganamos con los cambios.

¿Es acaso el pasado más importante que este portentoso presente?
Solamente basta mirar este año, aceptarlo, quererlo, exprimir de él la más grande de las oportunidades, la que está ahí, esperando.

Y vivir, vivir, ¡por Dios, vivir!


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