Como pasan todas las cosas, también está terminando este verano.
Extraño verano, muchos presagios, conversaciones temerosas, numerosas y largas esperas, humillaciones de índole diversa. Poco a poco se va deteriorando nuestra integridad, frente a problemas nuevos. Eso del acoso en el Metro no es un tema menor.
Pocas sonrisas entre tanto gesto cansado.
Y a pesar de todo, este verano ha sido el de las mermeladas. Como si el Padre quisiera separarme de este ambiente enrarecido.
Mi amiga S. viajó desde La Serena para cosechar el damasco de su antigua casa (cuesta irse en forma definitiva ¿no?) Pareciera que nunca se termina de partir cuando atrás quedan lazos tan profundos como ese árbol que plantaste con tus propias manos, que tambaleaba en los días de ventarrones y que, cuando dio su primera fruta, saltaste de alegría.
Nos dispusimos a la tarea de la mermelada de damasco.
Que dos mujeres se pongan de acuerdo ¡vaya dificultad!
Después de varias conversas alrededor de los olorosos café (ella) y mate (yo), llegamos a un consenso. Ella haría frascos de un kilo y yo de medio.
La receta. Don Google vino en nuestro auxilio, defensor de todas las ignorancias. Sin embargo era demasiada información. Que póngale esto, aquello y lo de más allá. Tantas ideas nos anduvieron desconcertando.
Lo más difícil fue “el punto”.
¿Qué es el “punto”, dirán ustedes con las misma cara de perplejidad de nosotras. Es nada más ni nada menos cuando el cocido ese debe envasarse, taparse, sellarse y guardarse. ¿Cómo saberlo? ¡Uff!, arduo trabajo. Con decir que de tan concentradas se nos olvidó por unos días hasta el Transantiago.
Cosechamos el árbol a mano y nos lanzamos a la obra. Tanto éxito hemos tenido que días atrás cuando nos comimos una sandía, hice mermelada de la cáscara. Ya estamos pensando hacer de alcayota, naranja y lo que se nos cruce por delante, en fruta se entiende. Manzana, pera, tomate, higos, durazno, ciruelas, frutillas, moras, mmmmmmmmmm, ¡qué rico!
Les voy a compartir la receta básica porsi alguna (o) desea incursionar en el tema. Les aseguro que vale la pena. Sanas, deliciosas y las visitas se quedan asombradas. ¿Tú la hiciste? ¡Uy, qué mano de monja! Dame la receta y las más patudas “¿me regalas un poquito?, es que mi marido es dulcero”, agregan a modo de disculpa.
Como decía mi santa madre: “para todo da Dios”.
Mi receta personal:
Puede usarse todas estas frutas:
Durazno prisco o conservero.
Ciruela.
Damasco.
Mora.
Tuti fruti (durazno, ciruela, manzana).
Cáscara de sandía.
Frutillas.
Manzanas.
Por cada kilo de fruta picada colocar tres cuartos de azúcar.
Imprescindible: Cuchara de palo.
Picar la fruta con cáscara, lavarla bien y quitar los carozos (el cuesco, eso). Colocarla en un recipiente de vidrio, enlozado o acero inoxidable, alternado con capas de azúcar y dejar macerar hasta el día siguiente. Colocar en una cacerola a fuego bajo y cocinar revolviendo con cuchara de madera hasta que tome punto, más o menos una hora o más. Sip, es leeeeeennto ¿quién dijo que las cosas buenas no cuestan más tiempo del necesario?
(Si deseas leer más acerca del “punto”, mi amiga Alemama me ha dejado una buena receta en el post anterior) Unos minutos antes de retirarla del fuego, colocarle el jugo de medio limón y revolver bien. Envasar en frascos de vidrio caliente, la mermelada caliente. Frascos de vidrio esterilizados.
Cómo esterilizar: En una olla o tiesto amplio coloque en el fondo un pedazo de género limpio, luego llene con agua fría y sumerja los envases. Coloque a fuego lento y que hiervan por 10 minutos. Envase inmediatamente en ellos la mermelada.
Vale la pena, lo aseguro.
Para recetas:
Aquí. También
aquí. Además en este
otro.La pintura es de: olbinski