5.10.07

Preparativos de primavera (parte dos)

Para una mujer, el bolso es como el jardín para una casa.
O como la cubierta de chocolate para el barquillo.
Como la marmita para la cocinera, o sea, decorativo pero imprescindible.
Una mujer sin bolso es un ser a la deriva, casi,casi, un barco sin timón, sin exagerar.
¿Dónde pongo el labial, la agenda, los lentes de sol, los pañuelos desechables, la revista para el camino, el tejido, el pendrive y cuanto adminículo se me ocurra?

Un libro si hay que esperar en la fila del Banco.

Aguja, hilo, lápices varios, incluyendo el de pizarra (si se diera la ocasión de explicar la teoría de la relatividad), el espejo para el retoque (hay espejo en cuanto lugar una entre ¿para qué quiero otro?, me pregunto).
El monedero, ovbiamente, la Bip debidamente guardada en un estuche protector, los mil documentos de identidad que hay que tener en Chile, tú sabes, esos.
Aretes de repuesto (por si nos invitan a comer), un toma moño si es que hay calor, desodorante, crema de mano, pasta de dientes con su correspondiente cepillo ¿estaré olvidando algo?
Los diseñadores han puesto de moda este año los bolsos grandes.

¡Menos mal!, porque con esas carteritas mínimas era un suplicio ir a cualquier lado.
Eso sí, nadie responde por los dolores de espalda.

Como decía mi madre "todo tiene sus bemoles"


2 comentarios:

alida dijo...

Mi locura son los bolsos, y parece una caja de herramienta así dice mi esposo.
Aunque para cambiar de bolso, para mi es una tragedia ufsss trasladar de uno al otro todo
Feliz fin!!!

Alemamá dijo...

Yo jamás cambio de cartera (bolso) y me veo repetida, etc, porque si lo hago no encuentro nada. El bolso también me sirve de bastón para mi inseguridad. Hubo épocas en que no salía ni a la esquina sin cartera por timidez. Me faltaba algo