13.10.07

Matar lo que se ama (III)

Y cargados de amor, con nuestros muertos
y las flores que a veces les llevamos
a sus tumbas,
las mismas que engalanan nuestras fiestas
de juventud, pensemos que vivimos
un sueño fehaciente.
Sólo que a veces, solos, nos quedamos
pensativos, diciendo, como un eco:
¿será verdad?
(Juan Gil Albert)

Recordé aquellos funerales del Sur.
Mucho canto, mucha flor, muchos amigos a pesar del día laboral. Palabras de apoyo a la familia, palabras de elogio para la -occisa le dicen los entendidos en cuestiones mortuorias- que un hombre asesinó (se dice que la amaba).

Así enterramos a Cecilia, un dìa lunes de septiembre.
Recién llegada, la primavera nos invade con perfumes y molestas alergias, nunca olvidaremos esta primavera.

Nada de crematorio o parque moderno, nada de eufemismos o falsa retórica en el discurso. Sólo el pueblo, gente sencilla que camina el largo trayecto desde la entrada Recoleta del Cementerio General hasta llegar a las sencillas tumbas que apenas ostentan un jarrón de flores marchitas, una cruz de madera y letras de pintura barata. A pesar de la sencillez, todo era digno (excepto -como siempre- el típico "curado" que da la nota).

La madre entera, de pie frente a la tierra que como una boca hambrienta esperaba el cajón.
Después regresamos lentamente, silenciosos. Los niños pidieron helados, los jóvenes compraron una bebida. Los adultos miraban los nombres en las lápidas -cientos de nombres desconocidos- con un cierto desánimo. Breve la ceremonia, largo el regreso, lágrimas secretas, nadie quiere llegar al hogar donde Cecilia no estará. Para los hijos, lo peor está por venir.

Un momento absurdo, un lugar equivocado, un fierro que golpea la cabeza, impotencia.
Y luego este acto, corto y contenido.
Ya habrá tiempo de gritar.
¿Es así morir? ¿Tan rápido?
¿A esto se reduce la existencia?


2 comentarios:

MiXequita dijo...

Podemos escoger ser hijos del Creador Todopoderoso con todos los derechos... o simples seres mortales por toda una eternidad.
Más vale tomar la decisión ya... antes que sea demasiado tarde.

alida dijo...

La existencia es así un soplo y se nos va tan rápido, uno nos escoge
Voy a leer las otras partes
Un abrazo