28.8.07

Ausencia.

La calle desierta presagiaba un largo paseo. Siempre que se transita solo el camino es más largo. Uno a uno fue contando los mil pasos diarios que exigía el médico, por su corazón, ya sabes, siempre el corazón.
Divisó a lo lejos los duraznos en flor, ese color le recordaba las muchas primaveras, pasadas primaveras cuando la risa brotaba como agua cantarina, cuando el baile no se resistía en los pies, cuando el corazón era un pájaro que cantaba al ritmo de su compañía.

Otra vez los almendros, de nuevo la esencia resinosa de los árboles, otro toque de alergias, nunca le importaron las alergias cuando él la tomaba del brazo y por las tardes deambulaban entre los árboles de la avenida, ah, tantos perfumes alegraban sus conversaciones. Ninguna nube oscura, ninguna flor descolorida, ningún llanto era pena.

Camina erguida, ordena el pañuelo alrededor del cuello, levanta la cabeza, él estaría orgulloso de su entereza; mira hacia delante y de pronto sin una queja, se desploma cerca de mi puerta. Paramédicos, la Help, auxilios, lágrimas, todo inútil, sus últimas palabras son para alabar la belleza del aromo que se eleva desde mi jardín, "cómo le gustaba a Jaime el amarillo", susurra muy lento.
Ningún corazón puede resistir tanta soledad.

2 comentarios:

Alemamá dijo...

Lindo, lindo, muy humano, como todo lo tuyo

ojo humano dijo...

Gracias, Ale, viniendo de ti es un honor.