18.2.07

Transantiago, una interrogante.

Desde el cambio de sistema de locomoción -10 de febrero del 2007-, he visto y leído miles de palabras, opiniones, fotos, situaciones que, como un calidoscopio, me dejan perpleja, parada en la vereda, esperando un transporte que no llega.

Todo cambio produce un quiebre de la rutina.

Todo cambio nos enfrenta con un pasado amado-odiado y con un incierto futuro. A veces preferimos lo arduo e inconveniente, si es conocido, a lo nuevo que no conocemos y que, en suma, podría beneficiarnos como ciudad.


Cambio, cambio, cambio, ¡que temor tenemos al cambio!

Sin embargo, interiormente lo soñamos, lo ansiamos, lo esperamos, para seguir vivos.

¿Será bueno el sistema para Santiago?

¿Tendremos la capacidad de re-educarnos como habitantes de una ciudad tan contaminada?

¿Podremos adecuarnos a un sistema diferente?

Muchos amigos ya emigraron a otros lugares. Provincia, qué paz idealizada.

En regiones la vida es menos riesgosa, la placidez de las calles no la interrumpe el rugido permanente de los motores, el aire es más limpio y las obscenidades infrecuentes. Pero ¡qué hacerle!, me gusta Santiago (Santiasco, dicen algunos), la tóxica Ahumada con Alameda (no sé qué vamos a inventar para llegar allí), el fascinante barrio Estación Central, Mapocho contaminado, Providencia bullicioso, Patronato, Vespucio, La Higuera hacia los cerros, en fin, Makul.

De las muchas opiniones respecto al cambio de un sistema al borde del colapso, a uno nuevo que nos tiene de cabeza estudiando mapas más que en la primaria, esta columna de Carlos Peña me ha parecido muy interesante y acertada.

Esta es la dirección: reportajesblog.

Si definitivamente no funciona el sistema, les dejo aquí un modelito alternativo publicado por la agencia Reuters.

1 comentario:

Alemama dijo...

Te he invitado a responder un "meme" que he dejado en mi sitio. ¿Te animas? es cortito.